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Héctor en el fragor del combate

El Boxeador: superación y metamorfosis a través de los deportes de contacto

Quiero dedicar la primera reseña del blog al cómic El Boxeador, de los autores Manolo Carot y Rubén del Rincón. Y es que he descubierto en esta novela gráfica un vivo reflejo de mi forma de entender las artes marciales y los valores que me gustaría transmitir a través de El Guerrero Moderno.

Como puedes deducir del título del post, voy a escribir sobre el deporte como vía para el cambio, el gran tema la obra. El Boxeador es efectivamente una historia sobre dos luchadores, pero lo interesante es que durante la lectura se revela que no va de «luchadores de boxeo» sino de «luchadores que boxean». Los deportes de contacto no son presentados como un fin sino como un medio para empoderarse y superar conflictos internos. Gracias al boxeo, los personajes que encontramos al final de la historia ya no son los mismos que al principio. Héctor y Rafa se transforman, como en toda gran historia que siga los moldes del Viaje del Héroe.

Si no has leído El Boxeador pero te lo estás pensando, en el siguiente punto te daré algunas razones para que termines de decidirte, sin spoilers. Pero no vayas más allá. En esta reseña, como en las del resto del blog, voy a comentar todo tipo de situaciones sobre el argumento. ¡También del final!

Y si ya tienes el cómic y has acabado aquí para leer mi análisis, puedes ir directamente al segundo punto.

¡Espero que disfrutes de la entrada!

1. POR QUÉ LEER 'EL BOXEADOR'

Una buena narración: las buenas historias se diferencian por su conflicto latente. Por un lado, tenemos un conflicto externo evidente: hay un combate de boxeo que los dos personajes quieren ganar, pero solo uno puede conseguirlo. ¿Quién saldrá victorioso y quién derrotado? Por otro lado, el cómic destaca por la brillante construcción de los conflictos internos de Rafa y Héctor, cada uno con demonios propios que amenazan con consumirlos por dentro si no encuentran la manera de enfrentarse a ellos.

Formato original: cada personaje empieza en un lado distinto del cómic. La mitad del tomo es el final de la historia. Puedes decidir empezar con Rafa y después darle la vuelta al cómic para leer a Héctor (yo lo hice así), o viceversa. Para mí, la opción más emocionante sería leer a un personaje hasta llegar al enfrentamiento final, pasar al otro personaje y dejar el combate central desde cada punto de vista para lo último. Otra curiosidad del formato es que solo se utilizan dos colores: negro y rojo, con algunos derivados tonales.

Arte de proximidad: Manolo Carot y Rubén del Rincón son dos creadores independientes en un sector dominado por las obras norteamericanas y el género de superhéroes. Leyendo su historia reconocemos el valor de dos artistas locales y recompensamos tanto su apuesta como la de Ediciones La Cúpula.

Más deportes de contacto: hay muchas opciones para ayudar a extender los deportes que tanto nos gustan. Consumiendo productos de entretenimiento como películas, series, libros o cómics relacionados con la temática, enviamos un mensaje al mercado para que produzca más contenidos similares.

Pequeña contribución al blog: por último, si compras el cómic a través de este link, una pequeña fracción del total servirá para apoyarme. Esto me ayuda mucho para que pueda seguir escribiendo contenidos sobre artes marciales, filosofía, deporte y salud.

Dicho esto, toca lanzar advertencia: a partir de ahora van a haber spoilers. Si no has leído El Boxeador, te animo a detenerte aquí y a continuar con esta reseña una vez lo hayas terminado.

El Boxeador: la historia de Héctor y Rafa

2. DINERO, PLACER Y FELICIDAD

Rafa no tiene nada. Vive prácticamente de la caridad. Ha de limpiar el gimnasio y hacer tareas de mantenimiento a cambio de recibir entrenamientos nocturnos. Representa una vida de escasez

Héctor vive en un entorno acomodado. Su padre es un popular exatleta olímpico dispuesto a forjarle una carrera triunfal, invirtiendo el dinero que sea necesario. Representa una vida de abundancia.

Los autores aprovechan estas dos situaciones, el entorno de escasez y el entorno de abundancia, para reflexionar sobre cuáles son las necesidades humanas más importantes. En ambas historias hay una idea diferente de felicidad, pero encontramos un par de elementos significativos en común:

  • El dinero o las posesiones no dan la felicidad.
  • La gratificación retardada es más satisfactoria que el placer inmediato.

Vamos a ver cómo se revelan estas ideas durante la narración.

Gracias a  sus primeros combates, Rafa empieza a ganar ese dinero que siempre le faltó. Acostumbrado a una vida de carencia, el personaje adquiere de repente un nuevo poder: el del consumo, el de acceder a posesiones y placeres. Ahora Rafa se puede permitir los gozos y entretenimientos que nunca pudo.

Tener más opciones implica tener más libertad. Eso le hace sentir bien y seguro de sí mismo. Sin embargo, Rafa no es capaz de poner sus nuevos recursos al servicio de un propósito o visión a largo plazo. Quiere disfrutar de la situación y hacerlo ya. Como consecuencia, el personaje se entrega a la fiesta, al alcohol y a las drogas.

El personaje de Rafa identifica una buena vida con el placer a corto plazo, con la satisfacción instantánea.

Con Héctor nos encontramos con la situación opuesta. Lo tiene todo, pero nada de eso le gratifica. Ni las posesiones, ni las riquezas ni el éxito lo hacen feliz. Porque lo que él necesita son simplemente dos cosas que no cuestan dinero: autonomía y amor.

Héctor sirve para reflejar el callejón sin salida de los deseos de Rafa: comprar la moto más bonita del mercado no te dará la felicidad. Y tal vez este contraste sea un retrato de la sociedad occidental del siglo XXI, opulente pero cada vez más deprimida.

En efecto, una de las lecciones de esta historia es que la felicidad no depende del «tener». Manolo Carot y Rubén del Rincón se alinean con la idea de que la simple suma de momentos placenteros, o la posesión de riquezas, no son suficientes para una vida plena. Porque si bien es innegable que los placeres aportan satisfacción y experiencias intensas, si no les acompaña un propósito, pasarán sin más al olvido. El poder de consumo y los recursos económicos otorgan ventajas y facilitan muchas cosas, pero no pueden cubrir las necesidades humanas más importantes.

Los autores nos hablan sobre la importancia del propósito, sobre dirigir las experiencias no hacia los objetos sino hacia los valores, hacia el enriquecimiento del carácter. Rafa se da cuenta de esto por fin cuando se ve en vídeo, avergonzándose de esa persona borracha y miserable de la pantalla. Es su «momento clic», una sacudida emocional con la potencia suficiente como para tomar conciencia de la necesidad de cambio.

Tras esa vivencia imposible de igualar por consejos o sermones, Rafa cambia el placer inmediato por la satisfacción retardada. Empieza a apreciar los hábitos saludables que le traerán plenitud a largo plazo. Construye un nuevo Rafa que abandona las motivaciones extrínsecas a favor de las intrínsecas. Ya no se disciplinará por el dinero, se disciplinará porque quiere ser una persona mejor. Es un momento de transformación dentro de su Viaje del Héroe. A partir de ahora Rafa ya es otro.

El Boxeador - El cambio de Rafa

3. LA FIGURA PATERNA. TRIBUTO Y CONFRONTACIÓN

Otro de los grandes temas de la historia es la influencia del padre. Los dos protagonistas empiezan a boxear por sus padres, y de hecho con una gran determinación, pero por motivos antagónicos: Rafa busca conexión, Héctor desconexión.

El difunto padre de Rafa era un gran aficionado al arte del boxeo. Además, era admirador de Laurent, el mismo entrenador a quien Rafa acude y confía su formación. Para Rafa, entrenar boxeo y hacerlo tutelado por una persona considerada referente para su padre, es la forma de mantener vivo el vínculo y el recuerdo. Rafa quiere crecer como boxeador para que su padre esté orgulloso de él, esté donde esté.

Héctor representa, de nuevo, la otra cara de la moneda. La relación con su padre es completamente tóxica. Tiene la vida de Héctor controlada, tomando todas las decisiones por él. Es un padre autoritario que lo maltrata a él y a su madre, tanto física como psicológicamente.  Sin compartirlo con nadie, Héctor guarda una ira que lo consume por dentro. En algunos momentos del cómic externaliza ese rencor con unos ojos de demonio que ponen los pelos de punta. 

Mientras Rafa se inicia en el boxeo como homenaje a su padre, Héctor lo hace como acto de rebeldía. Por un lado, sabe que dejar el atletismo es un boicot a su plan de vida y, por el otro, ve en este deporte una posibilidad de volverse más fuerte.

Toda la historia de Héctor sigue un camino de autoafirmación contra la imposición paterna. Un patrón propio de muchas narraciones y mitos de todas las épocas de la historia: el viaje del héroe pasa por la confrontación con el padre, como paso necesario para tomar el control de su propia vida.

Hay un momento hacia el final del cómic donde César intenta intimidar a Héctor como de costumbre. Pero Héctor, ya como campeón del mundo de boxeo, lo encara con su confianza aumentada hasta dejarlo por primera vez empequeñecido. Por fin es lo suficientemente fuerte como para hacerlo y no someterse más. Pero a pesar de este logro, aún le queda ganar la fuerza más necesaria y poderosa, aquella que le permita superar el lastre más pesado de todos: la necesidad sentirse querido por su padre. El origen de su agonía.

Esta necesidad lo lleva dominando toda su vida hasta el punto de haberse estado sometiendo a todo lo que César le marcaba. Pese a seguir durante años su voluntad a rajatabla, el padre nunca tuvo ningún gesto de cariño o reconocimiento. Como consecuencia se nos revela la gran contradicción de la historia de Héctor: odia a su padre por no quererle.

Pero César no va a cambiar. La vía para resolver el conflicto emocional de Héctor pasa por cambiar él mismo. Aceptar que no puede depender de lo que no puede controlar. Comprender que la felicidad que anhela debe emanar de su propio ser, de lo que sí puede controlar.

El gran enemigo de Héctor no era su padre, sino él mismo. Era el poder entregado a César para controlar su vida y afectar negativamente a sus emociones. Ese es su «momento clic» y cuando por fin se libera.

Héctor se libera del peso que arrastra

4. CATARSIS. EL DUELO QUE CULTIVA

El Boxeador es la historia de dos cambios. Dos transformaciones que solo se completarán pasando por una crisis suficientemente intensa, representada en el combate final del cómic. Pues es en el fragor de la batalla, y especialmente en el abismo de la derrota, cuando Héctor y Rafa logran conectar con la parte más profunda y sincera de ellos mismos.

Dentro de los deportes de contacto podemos hablar del duelo que destruye y el duelo que cultiva. El duelo que destruye se caracteriza por la negación del otro. Es un combate donde la única finalidad es terminar con el oponente. No hay concesiones ni consideraciones. Solo se piensa en un polo ganar/perder. Se trata de «o tú o yo».

El duelo que cultiva plantea el combate como un proceso de enriquecimiento mutuo. El objetivo no es negar el cuerpo y el carácter del otro, sino construirlo. Cuando un atleta se está preparando para una pelea profesional, todos sus compañeros de equipo luchan contra él con el objetivo de transformarlo, de convertirlo en la mejor versión de sí mismo. Bajo una apariencia de competición y destrucción, el duelo que cultiva esconde un proceso de cooperación y crecimiento. Se trata de «nosotros».

Héctor y Rafa empiezan su combate como un duelo que destruye, pero poco a poco transitan hacia un duelo que cultiva. Entre el intercambiando de golpes los dos se van dando cuenta de cómo los puñetazos llegan más allá del cuerpo. Sus mentes se agitan. Se sienten vulnerables por primera vez. En esta experiencia desnuda de vulnerabilidad se les abre una ventana donde hallar las respuestas para el cambio que necesitan. Porque solo cayendo atrapado por los miedos más profundos, solo llegando a la ceniza, el Fénix puede renacer con el fuego más intenso.

Durante toda la historia, Rafa percibe la ausencia absoluta de miedo como su principal virtud. Cada vez que sale a combatir, lo hace sin ningún tipo de miedo. Esta hiperconfianza ingenua se prolonga más allá del ring hasta casi costarle la vida en la cárcel. Lejos de una virtud, es su maldición.

Pero algo ocurre en su combate contra Héctor. Por primera vez, Rafa se siente acorralado hasta el extremo de verse completamente impotente. Se siente vulnerable. El miedo llega. Pero lo hace cuando está listo, porque ahora Rafa es una persona cambiada, más sabia y serena que el Rafa temerario y adicto a la satisfacción instantánea. En vez de bloquearse, inmerso en la crisis consigue aceptar el miedo y utilizarlo para superarse

Gracias al duelo que cultiva, Rafa entiende las palabras de su padre: el miedo es necesario. El miedo es una oportunidad para aprender algo sobre ti, adaptarte y cambiar. En este caso, Rafa abandona el cuerpo a cuerpo y empieza a usar su juego de pies, progresando como boxeador pero también como persona, desterrando para siempre al Rafa inconsciente y temerario.

Héctor, por su parte, a través del duelo que cultiva sufre una crisis de confianza que le permite conectar con sus emociones más profundas, lidiando así con sus fantasmas y la relación con su padre. Héctor sale de la crisis destruyendo por fin las cadenas que lo mantenían atado a César, la figura que ostentaba el máximo poder en su vida. El héroe construye su poder y con él se hace libre de una vez por todas. 

Después de haberse empoderado, Héctor tiene claro lo que quiere y necesita. Nada más terminar el combate, renuncia al título de campeón y a su carrera como boxeador, dos cosas que en el fondo nunca quiso. También se siente libre y fuerte para presentar en público a su pareja Yassif. Acto seguido, sus managers y asesores le gritan y lo abandonan. Y mientras le espetan «estás solo», Héctor sonríe. Porque todos los que tenían el control sobre su vida desparecen de un plumazo. Héctor ha sacrificado la persona que era para renacer de nuevo. Él crea su propia realidad

A través del duelo que cultiva, el cómic ensalza la importancia del enemigo como estímulo para volverse mejor en todos los aspectos. No odies a tu enemigo. Desea encontrar un enemigo formidable que saque lo mejor de ti mismo. Porque la superación personal que alcances será proporcional al reto, a las dificultades que se crucen en tu camino. Enfrentarnos con una fuerza mayor pone en jaque nuestra confianza y autoestima, pero solo lidiando con esta tormenta, cuando nuestras capacidades están al límite, encontramos la forma más intensa de transformación.

Tanto en el caso de Héctor como en el de Rafa, el combate les lleva a la paz interior. Los dos necesitaban enfrentarse a su monstruo interno, pero hasta ahora no habían encontrado el camino hasta el umbral más profundo. El duelo que cultiva es el estímulo que les permite encontrarse con el dragón y matarlo. Y es que este monstruo espiritual es el auténtico villano de El Boxeador:  los tormentos que como humanos guardamos dentro de nosotros mismos y nos impiden sentirnos autorrealizados.

El Boxeador - Combate entre Rafa y Héctor

5. CONCLUSIONES

El Boxeador nos cuenta muchas cosas. A través de Rafa, los autores nos recuerdan que los hábitos determinan quién eres. Unos hábitos tóxicos te llevarán a la perdición, mientras que la adopción de hábitos sanos acompañados de un propósito, allanará el camino hacia una vida llena de significado. 

El Boxeador es la historia de dos luchadores. Pero no de «luchadores que boxean» sino de «boxeadores que luchan». Manolo Carot y Rubén del Rincón utilizan el arte del cómic como herramienta para reflejar el sentido de la vida humana. Y es que en los sufrimientos de los protagonistas podemos reconocer los nuestros. 

Rafa vive sin recursos económicos y sin la persona a quien más quería. Cuando por fin le empiezan a ir bien las cosas, cae presa del placer inmediato y la egolatría. A Héctor no le falta de nada, pero es incapaz de valorarse a sí mismo y su relación con su padre está rota. 

Presentando situaciones que todos podemos reconocer, la historia nos recuerda que podemos perdernos en el sufrimiento o bien atravesarlo como antesala para descubrir al héroe que llevamos dentro. Rafa y Héctor mueren espiritualmente antes de renacer como seres transformados. Todos tenemos nuestros miedos. Pero tal vez solo adentrándonos en el umbral más profundo, encontraremos el poder para enfrentarnos al monstruo y regresar liberados.

Gracias, Manolo y Rubén, por regalarnos esta historia.

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Marc Campos Mula

Marc Campos Mula

Guerrero moderno. Eterno aprendiz. Artes marciales, filosofía y pensamiento crítico son mi inspiración. Me pregunto por los puentes entre lo viejo y lo nuevo, entre la tradición y la ciencia. Busco en el combate y la reflexión fuerza para la mente e inteligencia para el cuerpo.

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